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Represas


 



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Represas de agua


Introducción

Son Construcciones realizadas en la cuenca de los ríos con múltiples finalidades, entre las que destacan: abastecimiento de agua a poblaciones, regulación general de la corriente de agua o río, aprovechamiento industrial de su energía, hacer navegables ciertos canales o tramos de río y defender de los daños producidos por las riadas e inundaciones, entre otros. Semejantes o parecidos son los diques de protección construidos en terrenos desecados o amenazados por las aguas marinas, frecuentes sobre todo en Holanda. No obstante, siempre que se construye una presa, aunque sea para otra finalidad principal, se aprovecha para producción de energía. La presa de mayores dimensiones hasta ahora conocida es la de la Tres Gargantas (China); su construcción comenzó en 1994 para regular las desastrosas y devastadoras inundaciones producidas por el Yangtzé o río Azul casi todos los años y aún está sin terminar como consecuencia de las grandes críticas recibidas y de los problemas de financiación existentes.


Antecedentes históricos

La primera presa de tierra de la que se tiene noticia es la de Marduk sobre el río Tigris, mientras que la más antigua de fábrica es la de Menes, sobre el río Nilo (4000 a. C.)Hacia el 2500 a. C. los egipcios de la tercera y cuarta dinastía construyeron una presa en Sadd el-Kaffara, en la que el cuerpo principal constaba de un doble paramento de mampostería en seco, construido a partir de grandes bloques de piedra y de un relleno intermedio de cascotes. La longitud de coronación alcanzaba los 105 m y su altura máxima llegaba a los 11 m. La finalidad de la presa era la de almacenar, para uso agrario, las aguas procedentes de las lluvias invernales y abastecer a los trabajadores de una cercana cantera de alabastro. Todas las civilizaciones construyeron gran cantidad de embalses y represas: los ingleses al establecerse en la India pudieron contar 53.000 represas en la región de Madrás, en su mayoría de tierra. Hacia 1660 se completó en la India la presa de Rajsamand, cuya construcción duró 25 años; hecha de mármol pulido, medía 5,4 km y alcanzaba una altura de 14 m. En España, las represas más antiguas son las de Proserpina y Cornalbo, de la época romana y ambas de fábrica. Hacia mediados del siglo II de nuestra era se construyó la presa de Araya, como parte del complejo hidráulico que suministraba agua a la ciudad hispanorromana de Mérida. Construida, según ideas del ingeniero Vitrubio, como un muro con contrafuertes, el núcleo del muro principal estaba constituido por el opus emplectum, relleno de ripios y mampuestos recibidos con mortero de cal y mezclado con polvo puzolánico, combinación que fraguaba con facilidad y se endurecía a continuación bajo el agua, alcanzando una consistencia y estabilidad notables. Las caras exteriores de este relleno estaban formadas por unos paramentos de mampostería escasamente trabajada.
Durante la dominación árabe y en el siglo XVI existió gran actividad constructiva con represas como las de Almansa, Almonacid y Elche, algunas de ellas aún hoy en funcionamiento. A esta actividad en España siguió una época de paralización que duró hasta finales del siglo XIX. En Francia, en 1859, se construyó en las proximidades de la ciudad de Aix (sur del país) la que se considera primera presa moderna destinada a garantizar el suministro de agua potable. En su construcción se aborda el problema de los muros de contención no sólo como una cuestión de estática (seguridad contra el deslizamiento y el derrumbe) sino también como una cuestión de cálculo de resistencia. De este modo, se busca determinar las tensiones que actúan sobre un muro. Los estudios realizados dan lugar al desarrollo de perfiles nuevos para dichos muros y se propone, para la construcción de represas en valles estrechos, la utilización de muros con la base ligeramente arqueada, lo que permitirá soportar mejor la presión ejercida por el agua. La primera presa de dimensiones realmente gigantescas, se construye en el río Colorado (Estados Unidos) en 1935. En la construcción de la presa Hoover, de 221 m de alto y 379 de largo, se utilizaron 3,36 millones de metros cúbicos de cemento; allí quedan remansadas las aguas del río para formar uno de los lagos artificiales más grandes del mundo, el lago Mead, con 284 km de longitud y una anchura de casi 13 km, con unas reservas de agua dulce de casi 37.500 millones de metros cúbicos. Su construcción garantiza el suministro de agua dulce en extensas regiones así como de electricidad. En 1963, se construyó en la India la que sería la presa más grande del mundo, la presa de Bhakra, con un muro de contención de 226 m de altura.
A principio de la década de los años 70 se inició una nueva era en la construcción de represas en los países de Tercer Mundo. Las dimensiones de las reservas de agua en estas zonas se incrementaron hasta alcanzar cifras gigantescas. Los objetivos de la construcción de dichas represas eran, además del suministro de agua a regiones recientemente ganadas para la agricultura, la generación masiva de energía eléctrica. De los innumerables proyectos llevados a cabo en África, Asia y Sudamérica, destacan la presa de Cabora Bassa en Mozambique, construida en el río Zambeze, el sistema de represas del curso alto del río Indo y sus afluentes, en Pakistán, y la presa de Asuán, en el río Nilo en Egipto. En la primera de ellas se construyó un muro de cemento de 160 m de altura, que transformó esa zona del río Zambeze en un enorme lago de 250 km. El sistema del río Indo riega una extensión de terreno semejante a la de Europa central, gracias a una serie de pantanos y ocho canales, con una longitud total de 640 km, que redistribuyen las aguas por una extensa zona. Los principales elementos constructivos de este sistema son los diques de Mangala y Tarbela. Este último posee un muro de contención con un volumen de 142 millones de metros cúbicos; tiene una longitud aproximada de 2.470 m y una altura de 145 m. La presa de Asuán, situada en el río Nilo, al sur de Egipto, conformó uno de los lagos más grandes del mundo. Aunque la presa original fue construida en 1902 y se elevó su muro de contención en 1912 y 1934, la nueva presa, construida más arriba de donde lo fue la primera y que convirtió la zona en un enorme lago, se terminó de construir en 1968. Esta presa tiene una altura de 111 m y una anchura de 1 km. El agua cubre un área de 480 km de largo por 16 km de ancho.
En España, la presa de la Serena, situada en el río Zújar (afluente del Guadiana), fue inaugurada en 1990 y con sus 95 m de alto y 600 m de largo es el mayor embalse del país y el segundo de Europa. Aunque la presa se encuentra situada en la provincia de Badajoz, la cola del embalse llega hasta las provincias de Córdoba y Ciudad Real. La finalidad perseguida en su construcción fue la de asegurar un abastecimiento de agua potable (3.200 m3) y la de regular las crecidas del río para evitar las avenidas e inundaciones.
Se cree que han sido cerca de 80.000 las represas construidas en el mundo en los últimos cuarenta años. Obras de ingeniería civil que han desarrollado una importancia básica y fundamental para el control de los cursos fluviales, para la generación de energía y para el riego, además de para dotar de agua a los núcleos urbanos y para la industria. En la actualidad se construye en la cuenca del río Yangtzé, en China, la presa que, una vez terminada, será la mayor del mundo. Tendrá una longitud de 2 km y 100 m de anchura; se extenderá 600 km aguas arriba y formará el lago, también, más grande del mundo. Producirá energía eléctrica, evitará inundaciones aguas abajo y hará navegable el río aguas arriba.


Tipos de represas

En general, las obras hidráulicas son las destinadas a regular la circulación de agua sobre la superficie terrestre y a emplearla, como ya se ha comentado anteriormente, en trabajos útiles, fundamentalmente el de la producción de energía. El fundamento de un aprovechamiento hidráulico es el siguiente: el agua, que corre por la superficie terrestre siguiendo cauces naturales, pierde su energía contra los obstáculos que se oponen a su paso, corroyendo los márgenes y arrastrando sedimentos. Si se desvía la corriente por un canal de menor pendiente, se disminuirá la perdida de energía y aumentará el desnivel entre las aguas y el cauce primitivo, tanto más cuanto más largo sea el canal; si en un punto suficientemente alejado se devuelven las aguas al cauce mediante un salto de agua, con ayuda de receptores hidráulicos tales como turbinas, se podrá transformar la energía almacenada en el agua en forma de energía potencial gravitatoria en energía activa y generalmente eléctrica. Otra forma de lograrlo sería elevar el nivel del agua y atajar el curso de la misma mediante un azud o presa, con lo cual, junto a ésta, se puede formar un salto aprovechable; se tendría entonces una “presa de embalse”. La presa denominada “de derivación” suele ser pequeña, por lo que este tipo de aprovechamiento dependerá del caudal que circule por el río. Además, para la construcción de una presa se deberán estudiar otras muchas variables, como el relieve del terreno circundante, para definir la situación de canales y tuberías asociadas a la presa; la naturaleza del terreno, que deberá resistir esfuerzos procedentes de la presa; o el caudal del río en las diferentes épocas del año. También sería conveniente examinar las ventajas de aprovechar el tramo en un salto o varios y de coordinar el aprovechamiento de un río con sus afluentes, estudiando las cuencas hidrográficas en su conjunto para lograr exprimir al máximo sus recursos. En este sentido, puede convenir la ejecución de trasvases por ser más útil el agua sobrante de una cuenca en otra donde falte. En este tipo de obras conviene, y es costumbre, realizar ensayos en modelo reducido.
En el proyecto de construcción de una presa, el estudio geológico del terreno determinará la sucesión de estratos y la presencia de fallas, corrimientos y permeabilidad. La presa deberá ir situada en una “cerrada”, punto donde el perfil transversal del valle se estrecha; la forma de la cerrada depende de la roca que constituya el terreno, y conviene que sea en forma de V o cañón para que resulte apta para la ubicación de la presa. Se llama “vaso” a la zona del valle situada aguas arriba de la cerrada, en que aquel se ensancha más o menos y que será cubierta por las aguas. Conviene que sea muy ancho, lo que suele ir ligado a la presencia de materiales deleznables, como margas, arcillas y pizarras arcillosas. No es del todo fácil encontrar buenas ubicaciones para la construcción de una presa, pues las zonas con buenas cerradas suelen tener malos vasos y viceversa. Los materiales que constituyen la mayoría de las represas y la roca sobre la que se asientan no son materiales impermeables, por lo que se establece una corriente que, por los poros y fisuras, circula del interior de la presa al exterior. Esto da lugar a la aparición de presiones hidráulicas en el interior de la presa, en su contacto con el cimiento o dentro de este. Estas presiones añadidas reciben el nombre genérico de “subpresiones” y su efecto es perjudicial para la estabilidad de la presa, por lo que procuran eliminarse mediante “drenajes” en el interior de la presa que evacuen el agua filtrada, pantallas protectoras e inyecciones en el cimiento de productos impermeabilizantes, como lechada de cemento, arcilla o productos bituminosos.
Tal y como se ha comentado, las represas pueden ser de derivación y de embalse.


Represas de derivación

También denominadas “azudes”, son construcciones que se levantan en el lecho del río para atajar el agua, produciendo una elevación de su nivel que permita captarlas y dispuestas para que las aguas puedan verter sobre ellas. Son especialmente necesarios para hacer la toma de aguas de un salto, si el río es muy irregular; a su vez, pueden cumplir misiones de almacenamiento de agua. Pueden ser rectos, curvos o quebrados. También se dividen en fijos y móviles, estribando la diferencia en que estos últimos incorporan partes móviles que permiten variar la altura del agua remansada. El perfil transversal de una presa de derivación consta de frente, coronación, escape, zampeado y escollera. Según los materiales empleados se podrán encontrar azudes de ramaje y material menudo, de escollera, madera, encofrado, gaviones metálicos (cajas de tela metálica rellenas de grava), sillería, mampostería y hormigón armado o en masa. Los elementos de regulación en las represas de derivación móviles pueden ser agujas (vigas de madera), persianas, pantallas y compuertas. Para reparar estos cierres se emplean otros provisionales denominados “ataguías”, formados por una serie de viguetas colocadas horizontalmente.


Represas de embalse

Las represas de embalse, aún sirviendo de base para un aprovechamiento hidroeléctrico, tienen como misión fundamental el almacenamiento del agua para regularizar el caudal del río, y suelen tener anexas construcciones, llamadas “aliviaderos”, destinadas a verter el caudal sobrante. Consecuentemente, el caudal no se vierte libremente sobre el perfil de la presa, como es normal en los azudes. Pueden ser de fábrica o de material suelto, y es difícil elegir en cada caso el tipo de presa que más conviene. En Europa sólo se estudia la presa de material suelto si el terreno no es apto para cimentar la de fábrica. Sin embargo, en México y Estados Unidos son frecuentes las represas de tierra. Las represas de embalse pueden dividirse en represas de tierra, de escollera, de gravedad, de arco o bóveda, de arco-gravedad, de pantalla y de contrafuertes.


Represas de tierra

Son las más antiguas desde un punto de vista histórico y nacen de la idea de cerrar el valle con un atajamiento semejante a las laderas del mismo. Son baratas, adecuadas si el terreno no ofrece buena cimentación, y se usan cada vez más por escasear las cerradas aptas para represas de fábrica. El perfil más usado es el trapezoidal, con taludes fijados según aconseje la experiencia. El paramento aguas arriba se protege casi siempre con escollera; como se necesita gran cantidad de materiales, éstos deben tomarse de lugares próximos a la obra. Se utilizan dos tipos de materiales muy diferentes; por un lado, piedra o grava suelta, muy estable, pero también muy permeable; por otro, arcilla, impermeable pero muy inestable. Lo esencial en este tipo de represas es lograr una buena impermeabilización, que se confía al macizo de represas en su totalidad o bien a un núcleo o espaldón de material impermeable. Según esto y los materiales empleados se pueden distinguir los tipos siguientes: de sección homogénea, de sección formada por zonas heterogéneas, de núcleo de tierra y taludes de escollera, de núcleo de arcilla y de núcleo de fábrica. En su construcción pueden ser utilizados dos métodos: en seco con el consiguiente arranque, transporte y colocación en seco de los materiales, que después se apisonan mecánicamente; e hidráulicos, en donde se arranca el material con un chorro de agua a presión, se transporta en suspensión hidráulica y se deposita por sedimentación natural.


Represas de escollera

Son similares a las de tierra, y preferibles cuando existen canteras en el lugar de construcción o se trata de zonas con gran altitud y mal clima, que harían difícil la construcción de represas de fábrica. Existen dos tipos diferentes: las represas de gran base, en que, por ahorro de mano de obra, la escollera se vierte y sólo se arregla la parte donde vaya apoyada la pantalla de impermeabilización; y las represas de base pequeña, en que se compensa el ahorro de material logrado con una colocación cuidadosa de la piedra. Es importante la calidad de la piedra, que debe ser duradera y resistente a la acción de los agentes atmosféricos. Se suelen colocar en bloques de unas 10 toneladas, llegándose a utilizar incluso bloques de hasta 50 toneladas. La impermeabilización se logra mediante una pantalla en el paramento o un núcleo de material impermeable. De acuerdo con esto, se distinguen los siguiente tipos: represas de mampostería en seco, con pantalla de madera, metálica, bituminosa o de hormigón armado; represas de escollera, con núcleo interior de arcilla o fábrica y represas con espaldón de tierra o fábrica.


Represas de gravedad

Resisten el empuje de las aguas gracias a su peso, haciendo que la resultante de estas dos fuerzas tienda a oprimir la estructura contra el terreno y no se produzca el vuelco ni el deslizamiento. Para lograrlo con la máxima economía de materiales, se han ensayado muchos perfiles, hasta llegar a la aplicación casi única del triangular con paramento vertical, aguas arriba, y talud inclinado, aguas abajo. En planta pueden ser rectas o curvas; en estas últimas se aprovecha un efecto de arco que contribuye a la resistencia de la presa.
El material empleado es el hormigón y, dado el enorme volumen a mover, son obras complicadas de organizar y ejecutar. Es preciso tener junto a la obra instalaciones auxiliares, como machaqueo de áridos, fabricación del hormigón y puesta en obra del mismo; esta última puede hacerse mediante grúas, grúas-torre, cintas transportadoras, puentes provisionales y cables con vagonetas. Para efectuar la excavación y hormigonado de los cimientos, comienza por desviarse el curso del río mediante ataguías, que son represas rudimentarias de tierra, tablas, estacas metálicas o escollera, y luego se deja totalmente en seco la zona de cimentación mediante bombas que extraen el agua del recinto comprendido entre las ataguías. Una vez preparado aquél, se excava y hormigonea, dejando la superficie de contacto con la roca dentada y en contrapendiente, lográndose así mayor cohesión que si fuera plana. Para mayor comodidad, esta primera capa puede cimentarse por cajones huecos, que luego son rellenados.


Represas de arco o bóveda

Desde la antigüedad se comprobó que la disposición en arco de la planta era conveniente en todo tipo de represas, lo que condujo al concepto de presa de arco, que resiste con un peso mucho menor que una presa de gravedad, por transmitir cada sección horizontal el esfuerzo producido por el agua a las paredes de la cerrada. Por esta razón, son sólo aplicables a valles estrechos y profundos, de laderas resistentes. Para mejorar éstas, pueden construirse estribos laterales que resisten por gravedad, asegurando por su propio peso la fijación del arco y repartiendo las cargas en una extensión mayor de roca. Existen dos tipos: de radio constante, en las que disminuye el ángulo en el centro al crecer la profundidad, y de ángulo constante, en las que el radio disminuye con la profundidad. Entre las represas que de este tipo se han construido en España se pueden destacar la de Aldeadávila y Villarino, en el cauce del río Duero y con alturas de 140 y 198 m respectivamente, y la presa del Atazar, en el cauce del río Jarama.
represas de arco-gravedad
Son represas de gravedad de planta lo suficientemente curva como para permitir reducir el perfil transversal, considerando en el cálculo el efecto arco.


Represas de pantalla

Constan de una pantalla plana o curva, que es el principal elemento resistente, y de unos contrafuertes de refuerzo; a este tipo pertenecen las represas de bóvedas múltiples. Resultan muy económicas comparadas con las anteriores. Es preciso armar los contrafuertes, pues en caso contrario podrían agrietarse. Para aumentar la estabilidad, la pantalla se inclina, con lo que se aprovecha el peso del agua para aumentar la resistencia. Este tipo de represas no permiten alcanzar grandes alturas en su construcción.


Represas con contrafuertes

Se distinguen de las anteriores en que el elemento resistente es el contrafuerte, que alcanza un tamaño mucho mayor que en aquéllas. Los contrafuertes suelen tener planta con forma de T y se usaron por primera vez en España en la presa de Burgomillodo. Para evitar agrietamientos en los contrafuertes se deben dejar juntas de dilatación entre ellos.
Elementos y construcciones auxiliares


Desagües de los embalses

Tienen entre sus fines principales evacuar las aguas que acudan al embalse estando lleno y que provocarían una elevación del nivel por encima del máximo admisible para la estabilidad de la presa, captar el agua para la que esté previsto el embalse (riego, producción de energía, abastecimiento, etc.) y vaciar éste para eliminar sedimentos o estudiar el origen de filtraciones o grietas. Para el primero de los fines se utilizan desagües superficiales, que pueden ser aliviaderos y sifones-aliviaderos; para el segundo, desagües profundos, llamados tomas de agua; y, para el tercero, desagües también profundos que reciben el nombre de desagües de fondo. Hasta hace poco se procuraba siempre independizar el aliviadero de la presa, pero en la actualidad y, sobre todo en represas de gravedad, es normal la construcción de represas-vertedero que incorporan el aliviadero sobre sí mismas. Puede ir en canal o en túnel; si funciona de forma automática cuando se alcanza un cierto nivel, se tendrá un sifón-aliviadero. Los desagües de fondo deben ir provistos de rejillas, para evitar la entrada de cuerpos extraños, y de mecanismos de cierre (compuertas o válvulas).


Compuertas

Son elementos destinados a abrir o cerrar el paso del agua. Pueden ser levadizas, cuyo cierre se consigue mediante un elemento metálico plano que se mueve o desplaza verticalmente, deslizando por unas guías que pueden accionarse o mecánicamente; de sector, que presentan la forma de un sector cilíndrico que puede girar sobre su eje y pueden ser metálicas o de hormigón, con accionamiento generalmente automático; y, por último, de tambor, en los cuales el elemento de cierre es plano, pero anexo a un cilindro, cuyo giro produce el cierre o la apertura.


Casa de máquinas

Cuando la presa, entre otros fines, esté destinada a la producción de energía eléctrica, se construye un local destinado a alojar las turbinas, alternadores, aparellaje eléctrico, aparatos de protección y medida, máquinas auxiliares y transformadores, si el proyecto lo incluyera. La ubicación debe escogerse lo más cerca posible del punto donde las aguas vuelven al cauce primitivo, y el lugar escogido debe cumplir además las condiciones siguientes: posibilidad de buena cimentación, extensión suficiente para futuras ampliaciones y facilidad de acceso. La situación puede ser subterránea, lo cual es muy habitual si la cerrada es muy abrupta y el canal de derivación muy largo. Otra ubicación posible es en el interior de la presa; lo más frecuente es que se sitúe al aire libre. La construcción de las casas de máquinas no reviste mayor problema que el de tener en cuenta la presencia de fuertes cargas concentradas, debido al gran peso de las máquinas eléctricas, por lo que estás deberán apoyarse sobre un elemento resistente, que puede ser una viga o, más frecuentemente, un anillo o cilindro metálico o de hormigón armado. Otra posible solución es embeber el apoyo de las máquinas en el macizo resistente de la presa. En estas casas de máquinas para obras hidráulicas deben cuidarse especialmente la ventilación y la iluminación.


Impactos ambientales

Tanto la tierra como el agua están ecológicamente ligados dentro de un sistema natural (”sistema de vertientes”) que sufre importantes cambios y modificaciones como consecuencia de la intromisión de las actuaciones humanas. Desde el curso de agua de características intermitentes hasta el río de más potencia y de mayor tamaño, trabajan de forma continua sobre las vertientes de la tierra, erosionando, arrastrando y abandonando sedimentos, disolviendo multitud de materiales que, en la mayoría de los casos, acaban por drenar cualquier curso de agua. Todo ello para acabar coincidiendo con los niveles de los mares y océanos en sus desembocaduras. De este modo, cuando todo este conjunto de interacciones entre la tierra y el agua se modifican a causa de la construcción de una presa de importante tamaño, las consecuencias aparecen sin mucha tardanza sobre dicho sistema natural anteriormente mencionado.
Actualmente existen unas 40.000 represas de grandes dimensiones, la mayoría de ellas construidas en los últimos 50 años, y más de 400.000 Km2 de terreno han sido inundados como consecuencia de fallos en este tipo de depósitos. Así pues, las consecuencias derivadas de estas obras sobre el medio ambiente se centrarían de manera fundamental sobre los siguientes puntos:


Efectos sobre el sistema fluvial

Los sistemas fluviales son los primeros en mostrar importantes variaciones como consecuencia del represamiento de un cauce fluvial en un determinado punto de su recorrido. Las consecuencias siempre se acentúan aguas abajo de dicho represamiento; a partir de este punto se ejerce el control sobre las aguas. Las características físicas de un río represado varían de manera fundamental: el cauce del río se va ensanchando de manera progresiva, los afluentes existentes suelen ser invadidos por el agua embalsada, el agua retenida se llena de material detrítico en suspensión y de carga de fondo hasta que se finalmente tiende a colmatarla, los fenómenos de turbidez aumentan, aumenta la erosión en las orillas de los ríos, la fauna acuática que no llega a adaptarse al nuevo medio (ahora mucho más estacionario) tiende a desaparecer, la vegetación sumergida se descompone, aparecen importantes modificaciones en la composición química del agua, etc. Todo ello hasta que la fauna y la flora con mayor poder de adaptación llegan a colonizar este ambiente más estacionario y lo dominen con el paso del tiempo.
Los dominios de cabecera, por su parte, tienden a sufrir un mayor ataque erosivo que tiende a extenderse a lo largo del recorrido del río lo que también supone cambios en la vegetación y en los pozos locales. Todo ello deriva en la implantación de nuevas técnicas de regadío en ámbitos donde previamente no era necesario. También es de destacar que antes de la construcción de la presa de Asuán, el río Nilo arrastraba y abandonaba cerca de 125 millones de toneladas de sedimentos en el mar cada año, además de los otros 10 millones de toneladas que sedimentaba en los dominios de la llanura de inundación y del delta. Hoy en día, cerca del 98% de esas ingentes cantidades de sedimentos descansan detrás de dicha presa. Los resultados para la agricultura son evidentes; los sedimentos son, desde el punto de vista agrario, muy productivos y convierten a los terrenos en altamente fértiles. La disminución de estos sedimentos en las tierras de labor genera un descenso de su productividad. Además no hay que olvidarse de otro hecho importante, esta presa de Asuán también ha guiado un aumento de la erosión de las costas. Lo mismo ha sucedido en el Volga tras la construcción de la presa de Akosombo; dicho dique ha supuesto una importantísima reducción de los sedimentos en su estuario y una reducción de su línea de costa. Estos fenómenos se repiten en todos aquellos ámbitos en donde la presa retenga la mayoría de los sedimentos de un río.


Efectos hidrológicos

Está sobradamente demostrado que las represas cambian de manera definitiva las características de los cursos de agua sobre los que se instalan. En cualquier caso, reduce el volumen de agua total así como minimiza o reduce las variaciones estacionales. Sin embargo, no hay que olvidar que todos estos impactos dependen del diseño, propósitos y operaciones de la presa sobre otras muchas circunstancias.
En un estuario, por ejemplo, que es el ámbito en el que las aguas dulces vierten al mar, se encuentran ecosistemas particularmente ricos (véase ecosistema de estuario). Casi el 80% del pescado que se captura proviene de estos hábitats, hábitats que perviven y se desarrollan bajo unas condiciones específicas de volumen de nutrientes y de agua dulce. La alteración, por tanto, del flujo de un río modifica estas características necesarias para la existencia de esa gran biodiversidad. La construcción de una presa reduce todos los aportes en los tramos finales de los cursos de agua, es decir, llegan menos nutrientes, menos sedimentos y, en definitiva, menos peces. Un ejemplo muy claro lo encontramos en el estuario del Volga que, tras la construcción de la ya mencionada presa de Akosombo, ha visto desaparecer casi por completo la industria dedicada a la captura y comercialización de ciertos moluscos.


Inundaciones

Las inundaciones provocadas por la apertura (o rotura) de una presa son mucho más destructivas que las que aparecen de forma natural por la crecida repentina de un río a causa de importantes y bruscas precipitaciones. Esto es así principalmente por el hecho de que en el primer caso se ponen en movimiento de manera brusca miles de m3 o de Hm3 de agua retenida previamente. Estas avenidas suponen un importante peligro para la supervivencia tanto de la fauna como de la flora de ribera. Las represas aparecen determinadas por los biólogos como una de las infraestructuras más dañinas para dichos ecosistemas de ribera. Las llanuras de inundación también se ven severamente afectadas por este tipo de inundaciones. Varios estudios en la llanura de inundación del río Pongolo en Sudáfrica han demostrado la drástica reducción de la biodiversidad forestal tras ser éste represado.


 





 

 

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