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Las Nuevas Tendencias Arquitectónicas


 



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Arq. Aída Barrera Álvarez


Introducción

Las nuevas tendencias en arquitectura, expresan la cultura del capitalismo multinacional, en la que el capital, ha abolido la particularidad, y el valor de uso ha sido superado por el valor de cambio.
Sin embargo, la arquitectura, no puede verse de una manera semejante en países del Centro y en países de la Periferia; existen grandes diferencias de tipo económico, social, cultural, de mercado, etc. Siempre ha existido y siempre existirá una dependencia de muchos tipos, y en este caso de tendencias arquitectónicas.
Las nuevas tendencias han surgido en países Centro y han influenciado hasta la imitación a los países Periferia; no resulta fácil liberarse de sus influencias.
Sin embargo, la misma estructura económica que propicia esta influencia cultural, es la misma que impide su desarrollo, ya que los factores que propician (economía, política, etc) estas tendencias, son totalmente diferentes, y llegan a la proyección de un producto ajeno, diverso, contradictorio, caro, e inviable para los países Periferia.
Hoy día, son numerosos y complejos los problemas que aquejan a la arquitectura, en un mundo globalizado, donde la economía y la política, tienen mayor peso, que las estructuras sociales y culturales. Estas discrepancias nos llevan a una crisis en arquitectura. Muchas y algunas que considero importantes son:
• En la arquitectura global, existe un hecho, la de fenómenos globales proyectados al estrellato en su personalización en una cincuentena de figuras, arquitectos famosos, triunfadores al estilo Hollywood. Con el reconocimiento de la exaltación de su personalidad pública.
• El aspecto más relevante, es el mercado, detrás de él están manipuladores que gobiernan las finanzas y políticas de casi todos los países del mundo. Aquí la arquitectura es lo de menos, lo importante es el movimiento especulativo de capitales, construir por construir sin un propósito firme y concreto de uso, sin objetivos definidos y claros.
• Devaluación de la apreciación de la arquitectura y del arquitecto por parte del sector privado y de la administración pública.
• El abandono por parte de los profesionales de sus objetivos sociales y culturales, y la visión economicista, ultraliberal y competitiva que preside irracionalmente toda la actividad productiva, aplicada al campo de la creación arquitectónica.
• En construcción hay una caída de la calidad y por consecuencia, una reducción de la edad de vida de las viviendas desde el actual de setenta años o más hasta los veinte años. La bajada de la calidad se estimula para propiciar, un incremento del consumo energético. En el futuro se trata de construir mal.
• Proliferación de manierismos individualistas, en búsqueda de la originalidad. El estilo es el mismo artista.
• Los determinantes políticos y culturales configuran un marco en el que hacer arquitectura en condiciones profesionales dignas es imposible.
• Vimos un mundo dominado por la información y el capital , factores que operan en un estrato superior al de la política. No reconocen fronteras ni toman en cuenta los problemas humanos, produciendo sobreabundancia de lenguajes de comunicación.
Las consecuencias no sólo es la degradación y el desprestigio de la profesión, si no existencia de una arquitectura ajena a la sociedad y a los individuos, lejos de su tiempo y espacio.


Antecedentes de las Nuevas Tendencias

La modernidad se inaugura impulsada por grandes filosofías unificantes de la historia sustentadas en el desarrollo de los modos de producción. Sobre la modernidad se basan ideologías del progreso y con la quiebra de la modernidad se produce la quiebra de la visión del progreso y de la historia.
La quiebra de la modernidad, tendría su correspondencia arquitectónica en la discontinuidad, y la fragmentación, en cierta erratilidad de las formas.
El movimiento posmoderno nace en oposición al estilo internacional, plantea una nueva concepción arquitectónica en la que sus preocupaciones centrales recaen en el espacio habitable, el cual puede analizarse racionalmente, y proponen una nueva estética para sustituir la derivada de las composiciones basadas en la columna y el entablamento clásico.
El rechazo al historicismo les coloca en el extremo opuesto, al sustentar el rompimiento con toda tradición e incluso con la liga de la edificación a su contexto natural y rechazar, la cultura popular en la construcción.
El movimiento moderno, supone que la arquitectura solo responde a condicionantes constructivas, funcionales o lógicas ajenas a la sociedad, empezando así a construir un estilo en donde prevalece un juego de formas carentes del contenido original: el estilo funcional — no el funcionalismo, el primero se refiere a la forma externa de la construcción, el segundo alude a la solución funcional de los espacios — o estilo internacional. La arquitectura nacida con una significación de lo moderno, perdió éste al cambiar las condiciones sociales que le dieron origen, para convertirse en forma imitada hasta el cansancio.


El Camino hacía la Crisis Arquitectónica: la Economía

Para comprender su ubicación en nuestro tiempo, hay que considerar el contexto en que surgen. Walter Gropius, avisaba e intuía que estamos en el umbral de un nuevo esfuerzo de creación. Señalaba que la unidad de ambiente y cultura se había perdido, se tenía, un ambiente caótico, feo, desolador, del cual deriva un acento en “la lucha capital-trabajo y malas relaciones sociales”.
Ese esfuerzo de creación es la respuesta a un impulso económico dentro del cual se van a posibilitar las inversiones en arquitectura, con un enfoque divergente del movimiento moderno y que va a iniciarse con el estilo internacional derivado de Mies van der Rohe y el abuso de las cajas de vidrio.
Dentro del cuadro general del desarrollo económico, sobre todo en los países de alto desarrollo tecnológico e industrial, se da un despegue consecuencia de los efectos inmediatos de la Posguerra en los años 50. Las curvas Kondratieff, permiten analizar las fases cíclicas de la crisis y expansión del sistema capitalista, mediante las cuales se advierte un crecimiento económico a mediados de los 50 y principios de los 60, un nuevo periodo de crisis y luego una fase de crecimiento a fines de los 80 y principios de los 90; ciclos de más o menos 25 años, con fases largas de cerca de 50 años en la evolución económica que se ha caracterizado como “economía-mundo-capitalista”. Las crisis no son simétricas ni siempre adoptan un patrón similar, ni se dan en áreas iguales. El desplazamiento de capitales hacia ramas económicas que ofrecen mayor plusvalía, la competencia entre grandes capitales monopólicos y supranacionales, el imperativo de éstos para renovar procesos y plantas productivas ante la competencia, y renovar la tecnología, incrementar la intensidad de capital en la producción, etc., son algunos de los incentivos del sistema al que se someten las empresas, incluyendo a la de la construcción. Son dos momentos claves coincidentes con los de mayor intensidad en el surgimiento y expansión de corrientes recientes en la arquitectura: el posmodernismo, surgido a fines de los años 50 y primeros de los 60; y luego el deconstructivismo, que se empieza a incubar a mediados de los años 80 para consolidarse y empezar su divulgación al final de la misma década.
De esta coincidencia no debe derivarse una limitada relación causa-efecto, o derivar un patrón de dependencia entre economía (causa) y arquitectura (efecto), con la tentación de extenderle como instrumental analítico a otros momentos de la historia de la arquitectura.
Hay que considerar y reformular postulados tradicionales y comunes, para reconstruir la historia de la arquitectura con criterios y enfoques que consideran estas nuevas determinaciones.
Ambas corrientes han aparecido en países de alto desarrollo industrial y económico. Su influencia, con el posmodernismo, se ha extendido dando lugar a un debate cultural, que está dejando de ser actual y útil. En el deconstructivismo, el debate apenas asoma y aún no llega del todo a nuestros ambientes culturales y artísticos. Desconocemos los calificativos que se han puesto en la polémica: los placeres de la incomodidad, proyectos de cortar y romper, composiciones sobre descarrilamientos rusos, terrorismo arquitectónico, posmoderno cismático o minimalismo sucio, son algunos.
Ambas tendencias arquitectónicas, al aparecer y divulgarse, abren el debate, pero se les distorsiona y oculta, dando lugar a reacciones que tienden a defender y mantener intereses profesionales de arquitectos. Simulando un poco, tomando de aquí y de allá para ganar imagen.
Posmodernismo y deconstructivismo empiezan por ser crítica y disidencia. Inicialmente son llamativos y seducen casi instantáneamente. Son grandilocuentes y provocadores como forma arquitectónica, costosos, y difíciles de captar en una primera apreciación de su técnica compositiva.
Además, ambos profundizan la cultura de las estrellas de Hollywood .
Aquella disidencia y provocación iniciales, lo aparatoso y caro, son su virtud, por lo novedoso, y les permitirá ser sometidos al proceso de absorción cultural y convertirlos en mercancía: satisfacen exigencias de la estética de las mercancías.
La arquitectura ha sido convertida, además de instrumento de poder por su costoso adorno e imponente apariencia, en un tipo de mercancía que, pierde su contenido crítico de oposición y provocación y se vuelve objeto de aparador, se le coloca en esa vía de su divulgación e imposición en el gusto de los sectores subalternos de la sociedad.
La arquitectura, como producto técnico-cultural ha sido convertida en mercancía y adopta cada vez más las alternativas de ésta. De aquí al predominio de la moda, el consumismo y la publicidad engañosa, que el posmodernismo y la deconstrucción han dado asumido plenamente.
Estamos, ante otra historia de la arquitectura, tal vez sometida a ciclos de variación, cada vez más cortos quizá y ante una próxima diversidad de ofertas mercantiles de formas y conceptos arquitectónicos, bajo la máxima: todo se vale.


El Postmodernismo

Las tendencias culturales tienen una manera de reflejar los asuntos intelectuales y políticos, más amplios dentro de una sociedad. Así sucede con el postmodernismo, término que se utiliza para referirse a disciplinas artísticas y arquitectura.
Es un fenómeno intelectual de interés para la vida norteamericana. Su método consiste en la repetición y la yuxtaposición -una mezcla de cultura superior y popular- y su actitud típica es la ironía.
El postmodernismo se refiere a determinada constelación de estilos y tonos en el trabajo cultural: el pastiche, lo vacío; un sentido del agotamiento; mezcla de niveles, formas, estilos; copia y repetición; una autoconciencia sobre la naturaleza formal y fabricada de la obra; un rechazo de la historia; una forma de aprehender y experimentar el mundo y nuestra ubicación, o desubicación, en él.
En la sensibilidad posmodernista, la búsqueda de unidad aparentemente se ha olvidado por completo. En la actualidad tenemos la textualidad, el cultivo de superficies que se refieren sin cesar a otras superficies, que rebotan contra ellas, que se reflejan en ellas. Se hace hincapié en su arbitrariedad, en su edificación; se interrumpe a sí misma. En vez de un solo centro, hay un pastiche, una recombinación cultural. Cualquier cosa puede sobreponerse a otra. Todo tiene lugar en el presente, “aquí”, es decir, en ningún sitio en particular. La obra se desarrolla sin ilusiones: todos desempeñamos nuestros papeles en forma deliberada. Todo ha sido hecho ya. El choque rutinario, se presenta con ironía. El posmoderno se halla fragmentado, inestable, descompuesto; al final, sólo hay discurso. Donde hubo pasión, o ambigüedad, hay ahora un colapso del sentimiento, un vacío. La belleza, privada de su poder crítico, se ha reducido a un elemento decorativo de la realidad, y se ha borrado del postmodernismo. La cultura superior no se sirve ya de la cultura popular; se confunde en ella.
El postmodernismo reconstruye la relación entre premodernismo y modernismo. Define el momento cultural presente como una secuela, aunque no sea cierto. Se conoce al postmodernismo por lo que lo acompaña.


Oscurece al modernismo.

Los lineamientos del postmodernismo están presentes en las versiones del modernismo; es la personificación actual, de un modernismo que sigue desarrollándose. Roger Shattuck, ha asegurado que el cubismo, el futurismo y los espiritualistas artísticos compartían un principio respecto de la composición: la mezcla de estados mentales, de diferentes tiempos y lugares, de distintos puntos de vista. El collage, el montaje, son la esencia modernismo.
El modernismo tuvo que partir en pedazos lo que el postmodernismo está mezclando y asociando. La multiplicación de perspectivas del modernismo condujo a la dispersión de voces del postmodernismo; el collage modernista hizo posible la unión de géneros posmodernista. En la yuxtaposición posmoderna hay una autoconciencia deliberada. Los posmodernistas de hoy están hastiados, lo han visto todo, lo que los distingue es su carácter intencional y su sentido del agotamiento. V a más allá de la moda en arquitectura, pues gran parte del impulso recombinatorio, el vacío, la ironía sobre sí misma, el juego de superficies, la autorreferencia y el ensimismamiento que lo caracterizan aún están entre nosotros. Adquiere significado porque su amalgama de sentidos ha penetrado la arquitectura, la novelística, la pintura, la poesía, la planificación urbana, la música, la televisión y muchos otros campos.
El posmoderno nace en EUA, ya que la yuxtaposición es de las cosas que mejor hacen los estadounidenses. Se trata de una corriente definitoria de la cultura de ese país. Los EUA son mitos esenciales, homogeneizaciones y oligopolios, una cultura inmigrante, un paquete sorpresa. N o es exclusivamente, estadounidense, pero en Estados Unidos, la vanguardia artística, tenía que levantarse en contra del modernismo de la posguerra venerado, tenía que derrumbar al ídolo Arte Moderno.


El Desconstructivismo

En este contexto nace el desconstructivismo, que no representa un movimiento ni un estilo nuevo. No es un credo, y ni tiene reglas de oro, es la confluencia desde 1980, del enfoque arquitectónico en las obras de unos cuantos arquitectos, en diferentes lugares del mundo, que da como resultado formas similares.
Es en la exposición de 1988, Desconstructivist Architecture, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde se dio el nombre de desconstructivismo a esa arquitectura.
Los temas formales que se repiten son la súper imposición en diagonal de formas rectangulares o trapezoidales. Los cambios evidentes son los contrastes entre las imágenes retorcidas de la arquitectura desconstructivista, en contraposición de las imágenes puras del estilo internacional. La fragmentación de la forma implica que las reglas de composición tradicionales ya no son validas, pero no era necesario romperlas, solo torcerlas un poco e incorporarles cierta fluidez que proporcione movimiento a los espacios propuestos.
El desconstructivismo propone un postmodernismo multiestilistico individualista. Existen diferencias sustantivas entre sus exponentes, en cuanto a lo que entienden y desean del desconstructivismo. Algunos de ellos son, apasionados del cambio por el cambio mismo. Su planteamiento tiene como base el descomponer. Algunos rasgos formales son: el abandono de la vertical y la horizontal; la rotación de los cuerpos geométricos alrededor de ángulos pequeños; las construcciones con un efecto provisional; la descomposición de las estructuras hasta el caos aparente y la actitud de form follows fantasy .
El desconstructivismo, es una mezcla de interpretaciones personales, con algunos puntos en común: el cambio y la diferenciación de formas arquitectónicas pasadas. Cae en el extremo opuesto, creando una síntesis de lo pasado y lo reciente. Se crea pretendidamente un estilo afuncional, irracional, inútil, antiético, ininteligible; donde la forma se adquiere por la forma misma, en favor de un anti-internacionalismo, de una anticomercialización, que no se logra.


Conclusiones

En la evolución de la arquitectura, a partir del modernismo, hay una ruptura con el pasado, una ruptura con las sociedades, culturas, y tradiciones. Sin olvidar también la negación del propio confort y por consiguiente del ambiente.
La nueva arquitectura se basa en una cultura de mercado y economía. Las nuevas tendencias en arquitectura son un rompimiento con todo lo que es posible romper, en aras de que la novedad genere dinero. Son frívolas y carecen de sentido de bienestar social.
El nuevo academicismo formal, va desde el modernismo caracterizado por volúmenes cúbicos cubiertos de vidrio, ventanas corridas de piso a techo, hasta el desconstructivismo y su negación de la horizontal y la vertical.
Construcciones sin respeto por el contexto natural y cultural. Despreciando las tradiciones constructivas y los modos de vida. Es una crisis general en la arquitectura: formal, porque la forma es la misma, funcional, por que no importa si nada funciona, ambiental, por que los materiales y métodos constructivos son altamente contaminantes, de identidad, por que no tiene nada que ver con el individuo y de valores, por el resultado.
Hoy el arquitecto no tiene esencia arquitectónica que lo identifique, se pierde en la nueva concepción del espacio habitable. No hay capacidad creadora, todo es copia a la forma sin importar nada más.
En México, tenemos muchos más problemas que estos, ya que nuestra economía y problemas sociales genera la necesidad de una arquitectura para el pueblo. Sin embargo, no podemos cerrarnos a la arquitectura extranjera o a la internacional, pero debemos tener prioridades a fin de satisfacer nuestras necesidades más elementales.
Los arquitectos estamos cada vez más lejos de la arquitectura, estas tendencias, quieren llevarnos, arrastrarnos consigo, que seamos… somos parte de su juego.


Bibliografía

Architechtum.edu.mx
habitat.aq.upm.es
mfom.es
amsterdam.nettime.org
La Vanguardia, España.


 





 

 

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