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El racionalismo


 



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La vanguardia y la arquitectura racional

Los orígenes teóricos del racionalismo en arquitectura pueden encontrarse en los tratados más antiguos, donde la literatura arquitectónica intenta una descripción de los elementos, un método operativo transmisible mediante un conjunto limitado de preceptos verificables.
El racionalismo moderno nace a partir de la confianza tardoiluminista a la solución mediante la razón de todos los problemas que plantea la realidad, por exigencias de las vanguardias figurativas y por la necesidad de afrontar las continuas exigencias socioeconómicas de la civilización industrial.
Varios factores contribuyeron a poner de manifiesto el cambio que llevó del protorracionalismo al racionalismo: la crisis de la posguerra, el conflicto de clases, el problema de la vivienda popular, la debilitación ideológica. Estos factores hicieron indispensable una nueva política de edificación y urbanismo.
A pesar de no ser un estilo de vanguardia, el racionalismo se vio influenciado por la vanguardia. La primera influencia de la vanguardia sobre la arquitectura fue la del alejamiento de la naturaleza. Como en las artes figuradas (va del impresionismo al arte abstracto), se llega a una configuración sin adornos, desnuda, artificial y la asimétrica, el signo más evidente del paso del protorracionalismo al racionalismo. Esta pérdida de la simetría fue causada por el cubismo y el movimiento neoplástico, inspiradores de la cuarta dimensión y del equilibrio dinámico, factores antinaturales y presentables a una conformación arquitectónica apoyada en razones funcionales. Solo el olvido de la simetría permitió a la arquitectura racionalista la distribución libre de sus recintos a partir de las funciones, de la orientación, de la economía. La segunda influencia de la vanguardia sobre el racionalismo la constituye una renovada concepción espacial, marcada por el abstractismo geométrico.
En la arquitectura ya no hay representaciones del espacio como en el Renacimiento, sino una configuración espacial ligada al valor funcional de los recintos. El proceso proyectual avanza del interior al exterior.
Otro aspecto de incidencia de la vanguardia sobre el racionalismo es la ruptura con el pasado. En el cubismo y en el expresionismo se lleva a cabo mediante figuras y elementos tomados de culturas exóticas y remotas. La arquitectura racionalista es más radical en el tema: destaca un solo componente de la arquitectura tradicional, la función. Ahora la función se pone en manifiesto y se trata de obtener la imagen a partir de ella. Los nuevos modelos de la arquitectura, en vez de ser históricos o naturales, son tecnológicos.


La Bauhaus

La escuela de diseño fundada por Gropius en 1919 tuvo significados y valores diversos. Lo que prevaleció de estos valores fue su actitud de filtro a través del cual las tendencias de la vanguardia figurativa llegaron a influir en el diseño y en la arquitectura, dando un estilo Bauhaus, con un notable aporte al lenguaje racionalista.
Esta escuela quería convertir la protesta expresionista en la construcción de un método riguroso. A pesar de la tendencia utópica, Gropius trata de canalizarlo a la arquitectura. Por motivaciones de las profesionales de la escuela, pasaron por el filtro de la Bauhaus el cubismo, el futurismo, el expresionismo abstracto, el dadaísmo, el neoplasticismo, etc.
Uno de los deseos de Gropius fue la unificación entre el arte y la producción industrial. De esta manera, en la Bauhaus se trataba de estudiar y configurar los prototipos que, aprovechando las técnicas industriales, constituirían los modelos para la producción en serie. Muchos se cedían a la industria, convirtiéndose en objetos paradigmáticos del gusto contemporáneo.
Mientras que a partir de 1924 la escuela se convierte en el centro internacional más activo del Movimiento Moderno, la institución entra en crisis.
Gropius deja la escuela en 1928 para dedicarse a la investigación sobre la vivienda y los barrios populares que constituyó la aportación más significativa del racionalismo alemán. En la dirección de la escuela lo sucedieron H.


Mayer y Mies Van der Rohe.

La operación de filtro de las tendencias de la vanguardia figurativa, llegando a dar forma a la arquitectura, no podía dejar de producir un estilo. El lenguaje de la arquitectura moderna se institucionaliza, incluso a nivel internacional, tras la experiencia de la Bauhaus, al lado de la contribución de Wright y de Le Corbusier.


La técnica del racionalismo

Argan resumió el racionalismo en algunos puntos, definiendo la arquitectura moderna con los siguientes principios generales:
• la prioridad de la planificación urbanística sobre la proyección arquitectónica
• el mayor aprovechamiento del uso del suelo y de la construcción para poder resolver el tema de la vivienda, aunque sea al nivel de existencia mínima
• la racionalidad rigurosa de las formas arquitectónicas
• la apelación sistemática a la tecnología industrial, a la normalización, a la prefabricación.
La técnica de los racionalistas se revela como más duradera, presentando aspectos y modalidades hasta hoy utilizables en gran parte, y bastante mas formalizado y definida que las adoptadas pos el Art Nouveau y el protorracionalismo, hasta el punto de poder identificarse con el código mismo del racionalismo.
Se desarrolló con notable autonomía, debido a la elaboración de la técnica, que derivando del principio del arte para todos, se basa en el criterio de reducir la arquitectura a un servicio social funcional y tiende a facilitar la integración entre arquitectura y urbanística, como fenómeno típico de las realidad socioeconómica contemporánea.
Tras los alardes de la arquitectura de la ingeniería del siglo XIX, y a la vista de las exigencias de la realidad social de postguerra, el tema más importante se refiere a la vivienda popular. El punto de partida de la técnica del racionalismo será el dimensionamiento de la célula de habitación. Establecida esta relación dimensional, se estudia una distribución que garantice adecuado asoleamiento, ventilación, etc. Esta distribución de lugar a las diferentes tipologías: viviendas en hileras, viviendas de dos pisos compartiendo paredes laterales, la casa en altura. Organizando las células en una unidad tipológica, la técnica racionalista conforma un edificio. Los arquitectos alemanes redujeron todos los elementos de la vivienda al dimensionamiento correcto según las principales funciones, supuestas como iguales para todos los hombres, para responder de la mejor manera a las urgentes exigencias de la vivienda popular. Esta reducción servía para realizar el proceso de unificación, normalización e industrialización de la construcción en que debía desembocar toda lógica racionalista, la de obtener el máximo beneficio social con el mínimo esfuerzo económico. Este plan de estudios llevó a un propio código proyectual que llegaba del elemento más pequeño hasta la célula de vivienda.
Una investigación emblemática sobre la contribución distributiva del alojamiento mínimo la escribió Alexander Klein en 1928. Buscando la configuración de un alojamiento óptimo, planteaba un procedimiento de tres fases. La primera fijaba las características y requisitos que debían satisfacer las células. La segunda establecía los incrementos necesarios a estas células según el número de camas, basado en un ábaco que relaciona costos con practicidad del local. La tercera era el método gráfico donde se dibujaban las mejores soluciones. El conjunto de estos análisis debía permitir el proyecto de células con funcionalidad y economía máximas.
El código del racionalismo no implicaba necesariamente la sujeción al sistema célula – unidad tipológica – barrio. Incluso quienes no se ocuparon de la urbanística, como Mies Van der Rohe, permanecieron ligados a la lógica del racionalismo, a su técnica o a sus gustos.
La experiencia alemana de entreguerras fue la guía de la sucesiva producción arquitectónica internacional. Confluyeron en el racionalismo diversos aportes, como Wright y Le Corbusier, o la producción holandesa.


La contribución de Le Corbusier

Es importante le relación de Le Corbusier con la vanguardia, y principalmente con el cubismo, del que fue fiel. Muchos de sus cuadros semejan las plantas de sus obras. En el lenguaje de Le Corbusier, la planta asume un significado y un valor muy determinados: las características que sobresalen en algunas plantas pueden referirse a la pintura purista. La experiencia pictórica es una de las familias morfológicas de que se compone el estilo de Le Corbusier, la de las formas definidas como libres. La otra se refiere a los motivos funcionales, a los trazados moduladores, al modulor.
La vanguardia de Le Corbusier surge de impregnada de una actitud positiva, con una confianza iluminista en que todo depende del planteamiento racional y correcto de los problemas, en que la arquitectura por si sola puede corregir las contradicciones de la sociedad. Para él es importante la comunicación. Su purismo aparece siempre ligado a motivos figurativos decodificables, nunca llega a pintura abstracta.
Otro punto de referencia para la aportación de Le Corbusier al racionalismo es el de la vivienda mínima, aunque en el autor adquiere gran importancia un fenómeno de la producción industrial: el estándar. Este estándar responde a motivos de eficacia, de precisión, de orden, por lo tanto, de belleza. El estándar es una necesidad económica y social.
Si bien el alojamiento mínimo propuesto por Le Corbusier proviene del mundo de máquina, esto trae como consecuencia implicaciones diversas respecto a los esquemas elaborados por alemanes u holandeses. Sin duda es más realista la célela de Klein, pero no podrá dar lugar a más que a cosas ligadas a las dimensiones tradicionales. Por lo contrario, la casa Citroen de Le Corbusier, se ha utilizado de innumerables formas distintas. Modificando y perfeccionando el prototipo inicial, el arquitecto lo utiliza como vivienda aislada, como célula del inmueble villa, como exposición internacional de artes decorativas.
En 1926 formula sus famosos cinco puntos para la nueva arquitectura, que reflejan la exigencia presente en todo el desarrollo de la arquitectura contemporánea. Estos cinco puntos son:
• los pilotes.
• la cubierta jardín.
• la planta libre, las ventanas horizontales.
• la fachada libre.
Todos ellos permitidos por el uso de la tecnología moderna, en particular del hormigón armado. Es gracias a estos recursos que es posible sostener una construcción por pilares muy delgados, realizar una cubierta plana capaz de soportar gran peso, disponer una planta libre de gruesos muros estructurales, abrir ventanas de la longitud deseada. Los más originales de los cinco puntos son la ventana horizontal y la fachada libre, ya que implican un nuevo esfuerzo figurativo. Así, su aportación al lenguaje racionalista no radica en el hecho de haber descubierto algunas propiedades formales permitidas por la tecnología moderna, que Gropius ya había realizado, sino haber codificado cinco puntos a los que corresponden una nueva configuración arquitectónica.
La dimensión de su urbanística ya no es la del barrio, como los alemanes y holandeses. La urbanística de Le Corbusier es la más significativa y adecuada a la civilización industrial. En la práctica, Le Corbusier apunta a la separación de los edificios respecto de la calle. Sugiere el distanciamiento de los edificios entre ellos, construyéndolos lo más altos posibles, y compensando este desarrollo en vertical con grandes zonas verdes. Las piezas del gran mosaico urbanístico que son los rascacielos, los edificios de pliegues sucesivos, las villas, las viviendas familiares, siguen siendo las propuestas de arquitectura a escala urbana más significativas surgidas en el ámbito del código racionalista y de todo el Movimiento moderno.
Otra de sus contribuciones al racionalismo es la divulgación teórica de la relación con el público. En la Carta de Atenas, redactada por él, expresa los resultados del congreso CIAM, de 1933, y que puede considerarse un código de la orientación arquitectónica y urbanística del racionalismo, insistía en las cuatro funciones de la urbanística: habitar, trabajar, desplazarse, educarse.


La contribución holandesa

En ningún otro país existió una tradición tan predispuesta hacia el movimiento moderno. Hay dos factores que se anteponen a toda consideración: la situación geográfica y urbanística del país, y la influencia de la obra de Wright.
En cuanto a lo primero, Holanda es un país chico, donde es imprescindible el aprovechamiento racional de las superficies. La influencia de Wright en Holanda se remonta a la exposición de éste en Berlín en 1910. Hay varios puntos en común entre Wright y la escuela de Amsterdam: el interés hacia las nuevas técnicas constructivas y su atención por los materiales tradicionales; la morfología común, derivada de la geometría elemental; la atención por la continuidad de los espacios interiores. En De Stijl, el punto más central y autónomo de la experiencia holandesa, confluyeron el gusto de MacKintosh y el de Wright, exponentes de la tendencia geométrica del Art Nouveau.
En muchas de las obras de la escuela de Amsterdam, se manifiesta la adopción de una tipología y de unos criterios de distribución muy similares a los de Klein. Se puede considerar la producción de esta escuela como un protorracionalismo. Sin embargo, desde el punto de vista lingüístico, seguirá evolucionando hasta fundirse con los acentos neoplásticos. Mientras que en Alemania, Austria y Francia la vanguardia figurativa que sigue al cubismo va a fomentar una arquitectura racional rica en contenidos pero pobre en formas, en Holanda encontró un movimiento muy activo en el campo de los sentidos.
Se debe a Holanda una producción rica y muy significativa, divididas en tres corrientes.
La primera, más ecléctica pero representativa de la actividad nacional, que es la base para De Stijl. La segunda es la de forma más ortodoxa, De Stijl. Su principal exponente es Willem Marinus Dudok, autor de numerosos barrios populares, de edificios escolares, y del ayuntamiento de Hilversum, su obra maestra que figura entre las más representativas e Holanda. Es la figura artísticamente más destacada del ambiente holandés y su obra sigue siendo la de mayor interés. La segunda corriente es la más vinculada a De Stijl.
Encarnada en sus aspectos arquitectónicos por Gerrit Thomas Rietveld, autor de una serie de muebles, de varias tiendas y de la famosa casa Schroeder, de 1924; por Robert Van Hoff, autor de casas wrightianas; por Van Doesburg, hombre de punta de la vanguardia holandesa, que será el autor del plano regulador general de Amsterdam de 1934, considerado como el más emblemático de la historia del racionalismo. También pertenece a este ámbito el comienzo de Pieter Oud. Su obra, relacionada con el neoplasticismo, del que fue uno de los fundadores.
La verdadera producción arquitectónica y urbanística de Oud pertenece a la tercera corriente de la arquitectura holandesa, la del racionalismo. Fue el primer arquitecto holandés que se adhirió a este estilo internacional. Proyecta viviendas populares en los barrios de Spangen y Tusschendijken, compuestos por bloques aislados. En 1922 realiza el barrio Mathenesse, todavía ligado a una simetría rígida. En 1924 realiza una serie de casas en Hoek van Holland, donde el lenguaje se libera decididamente de la tradición. Las cubiertas planas, las ventanas horizontales, los acabados blancos de las fachadas, son elementos que anticipan el código racionalista. Al mismo tiempo estas casas se distinguen por el refinamiento de los detalles, por los cerramientos y ordenación del exterior, por el uso de los colores vivos propios de Mondrian.
Las casas de Oud presentan agrupadas las ventanas del piso superior de tal manera que marcan una abertura continua horizontal, por encima de una banda maciza ininterrumpida. Se produce una imagen arquitectónica sintética y unitaria, que oculta la dimensión de los espacios interiores.
Como conclusión, la arquitectura centroeuropea de entreguerras se mueve en la línea del racionalismo clásico, exaltando los principios de su lógica interna y asumiendo un orden social.


Las obras del racionalismo


La Bauhaus de Dessau

El edificio, realizado entre 1925 y 1926, parece extraer su configuración de las condiciones del lugar. Este carácter urbanístico demuestra su actitud antimonumental que pretende dar forma al ideal del trabajo.
Al nivel del terreno se encuentran dos cuerpos distintos. El primero, de forma rectangular, contenía aulas y laboratorios. El segundo, con planta en forma de L, tenía en una de sus alas los laboratorios y en la otra el auditorio, el escenario, el comedor y la cocina. En la parte superior existía un cuerpo de dos pisos de altura elevado del suelo, que contenía las oficinas y salas de profesores. Este bloque salvaba la calle transversal relacionando los dos volúmenes principales. El conjunto tiene una gran variedad plástica. Los puntos de contacto entre volúmenes están precedidos por una entrante o por una saliente. La influencia neoplástica es indudable. Pero si bien hay una descomposición del volumen en planos, esta descomposición es una articulación de la propia masa volumétrica. El diferente tratamiento de las superficies de fachada, o la diversa modulación de los volúmenes, confieren un gran dinamismo al conjunto. En efecto, el edificio más alto es el más macizo. Vienen a continuación por orden de ligereza, los bloques de la pasarela y la escuela, caracterizados por la equivalencia de macizos y llenos.
Finalmente, el cuerpo de los laboratorios tiene una marcada preponderancia de los vacíos. Gropius establece el cerramiento delante de los pilares, dando lugar a un voladizo que permite eliminar la masa de la esquina, uno de los aspectos formales más típicos de la Bauhaus.
Este edificio es considerado la obra maestra del racionalismo europeo.


La Villa Savoye

Esta casa, construida entre 1929 y 1931, es una obra en que Le Corbusier aplica íntegramente sus cinco puntos, demostrando al mismo tiempo la posibilidad de la variedad siguiendo esa normativa. La construcción refleja además sus otros parámetros proyectuales, como la pintura purista, la coexistencia de formas libres y geométricas, la arquitectura de recorrido. La planta surge de una malla cuadrada de pilares distanciados 4,75m, deriva dimensionalmente del radio de giro de un automóvil, que gira a través de la malla para entrar al garaje.
En la planta baja tiene una pared curva, hay un garaje, habitaciones de servicio y un vestíbulo, de donde parte la rampa, eje vertical de la construcción. La vivienda se sitúa en tres de los lados del piso superior, mientras que el cuarto lado está ocupado por una gran terraza. Desde la terraza jardín y siguiendo la rampa se accede al plano de la cubierta de la casa, donde se encuentran los cuerpos curvilíneos del solarium y la escalera.
La volumetría exterior es tan sencilla y esquemática que parece brutalista. Las cuatro fachadas parecen a primera vista ser iguales. Pero no es así. En dos de sus lados, las columnas están retrocedidas, creando un voladizo del cuerpo central. La asimetría de los cuerpos que coronan el edificio, en sí mismos un grupo plástico, confieren variedad y dando al conjunto perspectivas diferentes.


El Pabellón alemán de la Exposición de Barcelona

La tercera de las obras más paradigmáticas del código-estilo racionalista es el Pabellón que construyó Mies Van der Rohe en Barcelona, en 1929. Y muestra como la arquitectura asumió las propuestas y las sugerencias de la vanguardia, en este caso la poética de De Stijl.
El edificio estaba compuesto por las siguientes partes, actuando como piezas de un mecanismo plástico: un basamento de mármol travertino, de ocho escalones de altura, que contenía en una esquina un estanque de agua rectangular, que tenía entre otras la función de reflejar las restantes partes del edificio, y de dar espesor al basamento; un muro exento con un banco corrido adosado, que sostenía virtualmente y relacionaba los planos del techo de las zonas cubiertas del pabellón; ocho soportes metálicos cromados de sección cruciforme, que soportaban el forjado de hormigón que cubría la zona de exposiciones, y cuyo ambiente interior se articulaba con paneles de acero y cristal; otro estanque más pequeño, contenido rodeado en tres de sus lados por un muro, dando lugar en el exterior de un volumen cerrado. Puede deducirse el aporte del código neoplasticista a la obra.
No existen en los lados más cortos del pabellón los clásicos salientes y entrantes de los muros del movimiento holandés, que tiende a la descomposición del volumen en planos, sino que los muros se unen a 90º.
Utiliza este recurso para concentrar dentro del edificio las láminas exentas.
Otra diferencia con el neoplasticismo es el uso de los colores. En vez de utilizar los fuertes colores de la escuela holandesa, aquí los planos tienen los colores propios de los materiales. Estamos ante la lógica de la única decoración admitida por Loos, la que deriva de la naturaleza de los materiales.


La Columbushaus

Este edificio de Erich Mendelsohn, construido en Berlín entre 1929 y 1931, se encuentra entre las obras paradigmáticas por las siguientes razones:
• Es una obra importante por el propio programa, ya que otros maestros no tuvieron oportunidad de hacer algo parecido
• Muestra un nuevo estilo tipológico
• Esclarece las relaciones entre expresionismo y racionalismo
• Demuestra las posibilidades ofrecidas sobre el plano práctico por la nueva arquitectura
Pertenece a la tipología de los edificios comerciales civiles, que el racionalismo no había llegado a afrontar hasta el año 1929. Consta de una planta baja destinada a tiendas, de un primer piso con un restaurante y otros siete para oficinas, y de un último piso que contiene un restaurante panorámico. La planta tipo contiene en el centro un doble grupo de escaleras y ascensores, más otras escaleras de servicio ubicadas en las esquinas del edificio. Fuera de estos obstáculos, la planta tipo quedaba libre para adaptarse a las más variadas disposiciones. La estructura portante era de acero, y al estar retrocedidos las columnas, la fachada quedaba exenta, con bandas macizas continuas horizontales que alternaban con ventanas con la misma morfología. El forjado de cubierta era una lámina plana, que apoyaba también en soportes recedidos, creando una zona de claroscuros. Mendelsohn procede mediante simplificaciones hasta llegar a esta obra donde el lenguaje racionalista predomina sobre el expresionista.
Es la capacidad de Mendelsohn para componer los elementos geométricos con otros de carácter más libre lo que le permite realizar el detalle más feliz de la conformación, el lado curvo.


 





 

 

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