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Castillo


 



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Castillo (del latín castellum, diminutivo de castrum) es, según definición del Diccionario de la RAE, un «lugar fuerte, cercado de murallas, baluartes, fosos y otras fortificaciones». Existe toda una serie de edificaciones militares que guardan analogías con el castillo, como el alcázar, el torreón, la atalaya, el fuerte, el palacio fortificado, la ciudadela, o la alcazaba, lo que hace que no siempre sea fácil asegurar si se trata o no de un castillo propiamente dicho. Se tiene normalmente por tal el conjunto formado por un recinto amurallado que encierra un patio de armas en torno al cual se sitúan una serie de dependencias y que dispone de al menos una torre habitable.


Evolución

Aunque los castillos proliferaron entre los siglos VIII y XVI, su origen es más antiguo y tienen precedentes en la arquitectura militar de la Grecia clásica. En la Alta Edad Media se utilizaba como cerco defensivo una mera empalizada de madera, pero la evolución del armamento y de las técnicas militares hicieron inservible este procedimiento; más adelante, se confió en la solidez de las construcciones en piedra y en la altura de los muros que con este material podía alcanzarse.

Durante la edad media, el castillo no sólo cumplía funciones puramente castrenses, sino que servía también de residencia a los señores de la nobleza y a los propios reyes, derivando con el tiempo en un auténtico palacio fortificado. Si bien podía estar enclavado en los núcleos urbanos, lo común es que se situase en lugares estratégicos, normalmente en puntos elevados y próximos a un curso de agua para su abastecimiento, desde donde pudiera organizarse la propia defensa y la de las villas que de él dependían.

A partir del siglo XVI, con el ocaso del feudalismo y la consolidación de las monarquías absolutistas, la nobleza propietaria de los castillos los fue abandonando a cambio de mansiones palaciegas en la corte. Por este motivo, y porque quedaron obsoletos en su función militar, los castillos perdieron todo interés y decayeron hasta la actual ruina de la mayor parte de ellos.


Elementos del castillo

En la arquitectura castelar pueden señalarse los siguientes componentes como esenciales y característicos:


La muralla

Todo el recinto va cercado de una alta y gruesa muralla, generalmente transitable por su adarve, es decir, por un camino que la recorre en su parte superior. De trecho en trecho, se intercalan en la muralla cubos o torreones que permiten diversificar los ángulos de tiro y defender mejor las cortinas. Todos los lienzos suelen estar rematados por almenas para la protección de los defensores. También es habitual disponer matacanes y garitas voladas para mejorar las condiciones de tiro sobre los asaltantes. Al pie de la muralla y rodeándola por el exterior se abre a veces un foso para impedir la aproximación del enemigo; se salva con puentes levadizos. Puede haber más de un anillo defensivo amurallado.


La torre del homenaje

Es la torre principal, la que sirve de residencia del señor y cumple con las funciones más destacadas del castillo, albergando las estancias principales y, en ocasiones, los almacenes de víveres. Se encuentra en la posición más abrigada en relación con un posible ataque exterior, de forma que si sucumbiese el resto de las defensas, esta torre proporcionase un último refugio.


El patio de armas

Constituye un espacio central que en algunos casos recuerda los claustros monásticos. En torno al patio se distribuyen determinadas estancias, como la capilla (cuando la hay), la sala de recepciones, las naves para acuartelamiento de la tropa, etc. La entrada al castillo se produce a través del patio de armas; desde él se accede al resto de las dependencias.


El castillo en España

Los ocho siglos que duró la «Reconquista» (711-1492) llevada a cabo por los reinos cristianos del norte para recuperar las tierras sometidas por los musulmanes mantuvieron la Península Ibérica en permanente estado de guerra. Si se añaden a ello las tensiones internas entre la nobleza y la monarquía, frecuentes durante la baja edad media y el renacimiento, que derivan a veces en auténtica guerra civil, se comprende fácilmente el papel que jugaron los castillos y el por qué de su abundancia en España.

La mayor concentración de castillos se produce en Castilla, que a esta circunstancia debe precisamente su nombre. En el año 800, primer momento en que aparece en la historia la denominación de Castilla, las tierras que algo más de un siglo después se unificarían en el condado de ese nombre estaban salpicadas de castillos para la defensa del reino de León en su frontera con el Islam. A medida que esa frontera se fue desplazando hacia el sur, y en tanto en cuanto el reino de Aragón se comprometió también en la empresa de la reconquista, se fue creando a lo ancho de toda la península un frente cuajado de fortificaciones castelares. Los árabes por su parte también construyeron sus propias obras de defensa, lo que ha contribuido al número y variedad de castillos que se encuentran en España.


 





 

 

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